martes, 18 de marzo de 2014

Líneas de tinta : Archivo I

Elliot Graham era un tipo solitario, siempre lo había sido, tanto en vida como en su no-vida. No era muy hablador , ni tampoco el alma de las fiestas, era del tipo de personas que en cualquier momento puede causar silencios incómodos en cualquier conversación, claro que su aspecto también ayudaba a ello, no por nada le llamaban "Gangrena". Elliot poseía una faz horrible, como suelen tener los de su misma clase, hacía tiempo que se le había caído la nariz, la carne de su cara se había vuelto verduzca y pegajosa y por casi toda su superficie no quedaban más que algunas tiras de piel. Sus ojos siempre con un ligero brillo rojo se hundían en sus cavidades oculares y  sus labios se retraían dejando a la vista una fila de dientes desiguales y amarillentos. Cubría sus manos con guantes de látex blancos y su cara con una mascarilla de médico, llevaba una sucia y desgastada gabardina de color marrón, unos vaqueros mugrientos y roídos y unas botas de leñador. Su aspecto no le preocupaba, el había aceptado de sí mismo cosas que para otros la única consideración  que le otorgarían sería la de una arcada.


Gangrena había acabado de salir del psiquiátrico dónde el príncipe le había mantenido cautivo por su desobediencia, a ese mocoso se le había ocurrido en sus delirios paranoides tomarla con el clan Giovanni, cerrando sus negocios y encarcelando a uno de sus miembros más jóvenes, Damiano Giovanni. Solo un idiota no esperaría una respuesta por parte de "la familia", y aunque durante años había servido como asesino al servicio del príncipe Jacob, no quería inmiscuirse en problemas con los Giovanni, más aún, siendo solo por una vana, presuntuosa y falsa demostración de fuerza.


Gangrena era consciente del poder de los Giovanni , y de como sus conocimientos acerca del manto, las tierras de las sombras y de los propios wraiths no debían tomarse a la ligera, prefería mucho más el ser apresado y encerrado en el centro de detección e interrogación  bajo pretexto de ser una institución psiquiátrica del príncipe. No obstante su suerte había sido otra,se produja una fuga que causó que se soltasen  diversos vástagos que por un motivo u otro habían dado con sus huesos en las celdas acolchadas, simplemente por no compartir el entusiasmo de Jacob  por el escrupuloso orden ciudadano, ya fuese ganado o cainita.  habían  abierto también  la celda para su fuga, dando cuenta que posiblemente dicha fuga supondría que había habido alguna nueva incursión sabbat en la ciudad decidió que no era buena idea quedarse plantado allí.  Gangrena se dirigió por el pasillo hacia al vestíbulo principal del edificio para descender hasta la sala de calderas.

Mientras bajaba por las escaleras de piso en piso hasta el sótano escuchó todo el alboroto que corría por el edificio: disparos , gritos y cristales rotos, decidió apresurarse antes de que alguien reparase en el. Llegando al sótano justo antes de cruzar la fría y parcialmente oxidada puerta de metal que llevaba a las calderas oyó una voz a sus espaldas que le gritaba que se detuviera, era un pobre matasanos con un bisturí vestido con un mono verde y playeros blancos, ante la negativa de  detenerse, pues e había puesto a abrir la puerta, el hombre se abalanzó sobre el, cosa que actos seguido lamentó, cuando mientras Gangrena rápidamente lo aferró por el cuello con una mano y un dio los dos dedos, índice y corazón en la sien del tipo causándole una muerte rápida. Tras el pequeño contratiempo, Gangrena entró en la sala calderas , y se puso los guantes de látex y la máscara del tipo para guardar un poco sus polémicos atributos físicos. Gangrena habría una pequeña rendija que había en el suelo al lado de la caldera que conectaba directamente con el alcantarillado, allí podría coger una línea de túneles que le llevarían lejos de allí.

Una vez fuera, Gangrena decidió ir con rapidez a su escondite, a recoger las escasa pertenencias que tenía ( por gusto) y armarse mejor por si alguien pretendía disuadirle de salir de allí. Una vez ascendió de las cloacas  y se movía  por las sombras que proyectaban los oscuros callejones y los altos edificios y una luz repentina le cegó. Un coche negro avanzó por la carretera hasta situarse a su lado, una ventanilla se bajó dejando al descubierta a una figura femenina oculta entre las sombras.

- Hola encanto, ¿Quieres que te lleve a algún sitio?

- Sigue tu camino. Respondió agriamente Gangrena.

Vamos encanto no seas así...¿Porqué no subes y hablamos? Después de todo ya no tienes a otro sitio mejor al que ir...

- Desaparece...no quiero tratos contigo o tu gente. Respondió Gangrena

- oh vamos...¿aún como te han tratado sigues siendo fiel a esos títeres que se creen titiriteros de la camarilla? Puedo ofrecerte algo mejor, algo mejor de lo que te ha ofrecido ese mocoso, además sabes tan bien como yo que esta ciudad ya está perdida.

- Me importa una mierda la ciudad, el príncipe, o los planes que tengáis, yo me largo de aquí, si intentas detenerme lo lamentarás .Respondió gangrena

- Es una pena encanto...de verdad. Pero bueno, si cambias de opinión tengo trabajo para ti. Toma mi dirección, por si cambias de opinión. La mujer  alargo su brazo fuera de la ventanilla y una mano con las uñas pintadas de un negro profundo y de una piel pálida como la luna llena le entregó un sobre, cuya firma era una mancha de lápiz de labios negro que dibujaba un beso. La ventanilla se cerró , y el cacho arrancó dejando a Gangrena con una oferta que no sabía si debía rechazar. Conocía a los de su sangre, eran traicioneros y fríos ¿pero que otras posibilidades tenía?. Gangrena tendría que meditar de camino a su refugio.





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